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Castillo de Almenara (siglos XIV - XVI)

El Castillo de Almenara se halla situado en la provincia de Cuenca, a 116 km de Madrid, y en la localidad de Puebla de Almenara, comarca de la Mancha conquense. Su emplazamiento es un cerro aislado de 1015 m de altitud y al que se accede desde la cercana ermita de Nuestra Señora de la Misericordia, situada a algo menos de un kilómetro. Este castillo hemos de integrarlo en el periodo cronológico de la Baja Edad Media que se desarrolla en las tierras del interfluvio del Júcar, Tajo y Guadiana. En esta amplia área del este de la meseta sur peninsular tiene lugar entre los siglos XIII y XV, el devenir de una serie de acontecimientos históricos que contribuyen a sentar las bases del Estado Moderno que conocemos a partir de inicios del siglo XVI. En este sentido, confluyen en estas tierras el juego de intereses de las Órdenes Militares (Orden de Santiago en este caso), la nobleza, como las casas del Infante Don Juan Manuel y sucesores, del Infantado y el posterior marquesado de Villena, sin olvidar a señoríos de menor entidad, como el de Haro, además de la Iglesia, representada por el poder episcopal de sedes como la de Cuenca. Son los protagonistas de tres siglos que dejan huellas indelebles en el paisaje como son las fortalezas y las villas amuralladas, además de centros monacales e iglesias parroquiales que aún perduran y son elementos que nos hablan de un pasado no tan remoto. El Castillo de Almenara es uno de estos elementos que perdura en el tiempo y que atestiguado históricamente al menos desde inicios del siglo XIV forma parte de este devenir histórico.

 

Aún no se conoce con exactitud su fecha de construcción, aunque si fue lugar de habitación en los tiempos finales de la Prehistoria, atestiguado por la presencia de restos cerámicos que se conservan en el Museo de Cuenca. Sea como fuere el origen de su fábrica medieval, si se tiene constancia que a inicios del siglo XIV el Infante Don Juan Manuel (1282 - 1348) es el señor del castillo de Almenara y es quien otorga en el año 1332 la carta Puebla a la villa de Almenara, que se funda a los pies del castillo, en la vega de uno de los arroyos tributarios del curso alto del río Gigüela y a algo más de dos kilómetros de la fortaleza. Tras un periodo bajo dominio de la Orden de Santiago (1335-1343) debido a la confiscación de parte de sus señoríos por el rey Alfonso XI, pasa a los sucesores del Infante, su hijo Fernando Manuel y posteriormente a su hija Blanca, quien no deja descendencia tras su muerte en 1361. Por ello será a su vez otra de las hijas del Infante, Juana Manuel, quien será señora del castillo de Almenara, que será concedido por su esposo Enrique de Trastámara, al ser coronado en 1366, a don Alfonso de Aragón a quien hará también Marqués de Villena. quien es confirmado en el título en 1371. Dos años después el marqués cederá el señorío de Almenara a su vasallo Rodrigo de Cervera, quien vende la villa al caballero y doctor en leyes Pedro Sánchez en el año 1395. Unos años mas tarde - 1408 - funda junto a su esposa Mari Sánchez un mayorazgo para su hijo Fernando de Peralta. A partir de aquí transcurre prácticamente el siglo XV sin testimonios, hasta que María de Peralta, nieta del heredero del mayorazgo, vende en 1487 la villa y castillo (este por un millón de maravedíes) al Cardenal Mendoza, D. Pedro González de Mendoza (1428-1495), quien en 1489 funda un mayorazgo a favor de su hijo D. Diego Hurtado de Mendoza, mayorazgo que será la cuna del futuro ducado de Pastrana y Estremera.

 

El siglo XVI el castillo de Almenara forma parte del patrimonio de la familia Mendoza, concretamente al Ducado del Infantado, una de las casas nobiliarias más señeras y grandes de España, que lo mantendrá en sus señoríos ininterrumpidamente hasta el año 1841, cuando dicho ducado pasa al de Osuna, tras la desaparición de Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm-Salm, XIII Duque del Infantado sin descendencia reconocida. Destacamos un momento a finales del siglo XVI -1585- el rey Felipe II convierte el mayorazgo en marquesado a favor de D. Diego de Mendoza y Manrique de Luna, padre de la futura princesa de Eboli y así el castillo pasa a pertenecer a Doña Ana de Mendoza y de la Cerda (1540-1592) que lo recibe de su padre el Conde de Mélito. En las Relaciones Topográficas mandadas redactar por el Rey Prudente (15de Felipe II (1578) se describe un castillo que ya ha perdido su carácter de fortaleza militar, pero que conserva parte de su arsenal.